Declaración de la Confederación de Trabajadores de Irán en el extranjero sobre la guerra en curso y la urgencia de la acción revolucionaria
Reproducimos la declaración de la Confederación de Trabajadores de Irán en el extranjero (CTI)
Link a la publicación original: https://iranlc.org/en/12023
Declaración de la CTI sobre la guerra en curso y la urgencia de la acción revolucionaria
1 de marzo de 2026
El asesinato de Ali Jamenei, junto con varias figuras de alto rango del CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) y del aparato gobernante, constituye un acontecimiento excepcional en la trayectoria actual de Irán. Es un golpe decisivo para el corazón de la máquinaria de represión y la columna vertebral de la República Islámica. Para millones de personas en Irán, la muerte de un hombre que durante décadas simbolizó masacre, represión, pobreza, militarismo y el gobierno a través de la sangre ha desencadenado un momento de liberación, una mezcla de rabia y alivio explosivo. La presencia de la gente en las calles y la reacción social más amplia revelan la profundidad del odio que años de crimen y matanza han acumulado dentro de la sociedad.
Esto no es alegría por la guerra. No es alegría por el bombardeo o la matanza de niños. No es alegría por la intervención extranjera. Es el sombrío alivio de ver aparecer grietas en un monstruo que hace solo dos meses, en Dey, bañó al país en sangre, disparando y aplastando a decenas de miles y convirtiendo a la sociedad en un océano de duelo y rabia. Las personas que están respirando hoy son las mismas personas que ayer fueron golpeadas, baleadas y arrojadas a las cárceles.
Aun así, debemos expresar la realidad con claridad: este golpe a la cúpula del Estado ha tenido lugar en el marco de una guerra lanzada desde arriba y al margen de la voluntad popular. Una guerra que amenaza vidas, convierte las ciudades en zonas de muerte y busca paralizar a la sociedad a través del miedo y la destrucción. Los Estados Unidos e Israel han desempeñado un papel directo a través de sus ataques militares, y deben ser condenados incondicionalmente. Ninguna narrativa de "rescate" y ningún encuadre "defensivo" puede lavar el asesinato de civiles.
Al mismo tiempo, debe decirse claramente: la República Islámica y el CGRI no son víctimas de esta guerra, sino que se encuentran entre sus principales arquitectos. Un Estado que durante años ha utilizado a la sociedad como escudo para sus proyectos militares y nucleares ahora está pagando el precio de esas políticas a través de su colapso interno. La muerte de Jamenei no significa que la crisis haya terminado, pero sí muestra inequívocamente que este sistema ya no puede reproducir su antigua autoridad. Una estructura cuyo líder ha sido eliminado, que ahora está en guerra, y que se enfrenta a una sociedad saturada de ira y odio ha entrado en una fase de inestabilidad irreversible.
También debemos estar alertas a un hecho crucial: una ruptura en la cúpula no significa automáticamente que se esté realizando la voluntad popular. Es precisamente en momentos como este que los proyectos diseñados para contener la sociedad se vuelven activos: la "transición controlada", la reorganización de las élites y la promoción de alternativas de arriba hacia abajo destinadas a secuestrar la revolución y arrebatar la dirección de los eventos de las manos del pueblo. Los acuerdos entre bastidores, la reproducción de la misma estructura con un nuevo rostro o la imposición de gobiernos clientelares bajo las consignas de "estabilidad" y "transición" son todos intentos de neutralizar el impulso revolucionario y bloquear el poder popular directo. Estos escenarios no representan el fin de la República Islámica; representan la continuación del mismo orden represivo bajo una nueva forma.
La única fuerza capaz de impedir este desenlace es la organización independiente, de alcance nacional y construida desde abajo.
En un momento como este, la cuestión central no es simplemente la "oposición a la guerra". La verdadera pregunta es si la sociedad puede utilizar conscientemente la apertura creada por la ruptura en la cúpula para avanzar hacia el derrocamiento revolucionario. La guerra pretende atemorizar a la sociedad y suspender la revolución; la respuesta del pueblo debe ser reconstruir y organizar su poder social en medio de esta crisis.
Los trabajadores, los asalariados, los jóvenes, las mujeres y todas las fuerzas sociales deben entender una verdad básica: ninguna potencia extranjera va a ofrecer libertad. La única fuerza que puede derribar este sistema para siempre es una sociedad organizada. Unirse a las organizaciones sociales existentes, fortalecer las organizaciones laborales independientes y construir consejos, comités locales y redes de ayuda mutua no es una "opción": es una necesidad urgente, tanto para proteger las vidas humanas en tiempo de guerra como para tomar el control colectivo del futuro de la sociedad.
La República Islámica está herida y es inestable. No es un momento para la pasividad ni la vacilación; es un momento para la acción. El verdadero fin de esta guerra no vendrá a través de acuerdos entre Estados, sino a través del derrocamiento revolucionario de un orden que ha convertido la propia vida en un campo de muerte
Hacemos un llamado a la gente de todo el mundo, a los movimientos obreros y a las fuerzas amantes de la libertad a que apoyen al pueblo de Irán, no a los Estados y las máquinas de guerra. La verdadera solidaridad significa apoyar el derecho del pueblo a derrocar a la República Islámica y a construir un orden humano, libre e igualitario.
La lucha ha entrado en una nueva etapa. La represión se ha roto, el miedo ha sido sacudido y la posibilidad de avanzar se ha abierto. Una sociedad que ha pagado tanto en sangre tiene el derecho, y el deber, de construir su propio futuro.
Confederación Laboral de Irán – En el extranjero
1 de marzo de 2026




