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Posición de Marx Brasil en la primera ronda en las elecciones: volver a Marx para no ser devorados

27.08.2022

Bolsonaro y Lula encabezan las dos coaliciones capitalistas que disputan el gobierno en las proximas elecciones en Brasil


Declaración de Marx Brasil 7/8/22

Brasil de 2022 posee de un lado 62 familias multimillonarias y por otro lado 14 millones de desempleados, 38 millones de subempleados y 33 millones de hambrientos por los números oficiales, aunque creemos que los 60 millones que están en situación de inseguridad alimentaria también deben incluirse en esa cantidad. Esa realidad no es un simple contraste, sino el verdadero retrato del sistema capitalista, en el cual para existir las familias multimillonarias es necesario explotar hasta la última gota los cuerpos de la clase obrera.

Después de los dos años de pandemia, los gobiernos de todo el mundo han aprobado ayudas financieras multimillonarias para los bancos, con la intención de proteger las metas de lucro de los grandes empresarios; en contraste con toda esa "generosidad" con los de arriba, no existió ninguna política seria para alimentar a los hambrientos o proteger los empleos. ¡Eso en un momento de inflación global! Ahora, incluso quien está empleado tiene dificultades para pagar las cuentas básicas durante el mes. El endeudamiento de las familias es altísimo.

En ese contexto de decadencia del capitalismo a nivel mundial, Brasil pasa por un proceso claro de desindustrialización. Entre los años 2015 y 2020, 36,6 mil fábricas fueron cerradas en Brasil, cerca de 17 por día! Mientras tanto, en 2021, las commodities negociadas por CITIBANK, uno de los capitales imperialistas que negocian en la Bolsa de Nueva York los bienes primarios extraídos de Brasil, alcanzaron precios récord.

Marx Brasil junto a activistas de los pueblos originarios en la actividad de Justicia para Phillips y Bruno, dirigentes ambientalistas  en la Amazonia


La burguesía brasileña, que no posee crisis o pudor alguno en ser socia menor del imperialismo, aceptó el camino de transformar el país en un gran exportador de productos primarios, condenando al pueblo brasileño a importar productos industrializados, aumentar el desempleo y el subempleo y rebajar los salarios. 

La expansión del agronegocio genera miseria en las ciudades y violencia en el campo. Se registran 34 conflictos agrarios por semana, en promedio. A esto se suma el avance devastador de la frontera agropecuaria en las tierras de los pueblos originarios y quilombolas, sobre biomas, ríos y acuíferos. Los asesinatos de líderes en esos conflictos crecen, comprobando que la burguesía nacional está dispuesta a masacrar a todos y todo lo que se ponga en el camino de su proyecto económico.

Y es ese Brasil de hambre, de desempleo y de miseria que será convocado nuevamente para ir a las urnas en octubre de este año. En los últimos cuatro años, el país ha sido gobernado por los militares, representados por su prepuesto Bolsonaro, una figura repulsiva y de retórica fascista. Bolsonaro no oculta que gobierna para el sector más depredador del capitalismo, apoyando todas las iniciativas del agronegocio y entregando gran parte de la administración pública para el control directo de los militares, que ocupan directamente 6.157 cargos del Poder Ejecutivo, incluyendo también la dirección de empresas como Correos, Telebras, Petrobras, Dataprev, Amazul, Imbel, etc.

La burguesía colocó a Bolsonaro y las Fuerzas Armadas en el gobierno, pues la represión es necesaria para garantizar el proyecto de sobreexplotación de la clase trabajadora como el descenso de Brasil en el orden mundial del Capital. La presencia de los militares en el Estado expresa un proyecto del Capital para garantizar la seguridad de sus negocios en un tiempo histórico turbulento.

Debido a la suma de los ataques de su proyecto neoliberal-dictatorial con las crisis pandémica y económica, ocurrió que el gobierno Bolsonaro enfrentó numerosas movilizaciones callejeras, incluso durante los momentos críticos de la pandemia. En varias ocasiones, entre 2020 y 2021, se planteó la posibilidad del derrocamiento de Bolsonaro por la acción directa de las calles. Pero, la llamada "izquierda progresista" brasileña una vez más traicionó a la clase obrera, paralizando las movilizaciones, y garantizando tranquilidad para el genocida y corruptimo Bolsonaro cumplir su mandato, continuar sus ataques diarios contra nuestra clase y concurrir a la reelección de 2022, con toda la máquina del Estado burgués en sus manos. Toda la desaprobación popular ante el Gobierno Bolsonaro fue canalizada única y exclusivamente para el voto en las elecciones de octubre.



Esa acción fue milimétricamente calculada para beneficiar la candidatura de Lula. El PT logró ganar a la población para confiar en la farsa electoral y creer que el voto depositado en las urnas es la única salida para vencer el proyecto autoritario de Bolsonaro.

Es evidente que toda la izquierda reformista deposita sus esperanzas en las elecciones y llama a los trabajadores a depositar su voto en alternativas burguesas. Lo contradictorio es que Lula (PT) y su vice Alckmin (PSB) son apoyados por el gran capital financiero y por amplios sectores del agronegocio del país, siendo también directamente candidatos de la burguesía.

Las organizaciones que apoyan y construyen la candidatura de Lula lo hacen sin ninguna crítica a los ataques económicos que los gobiernos del PT han lanzado (y siguen machacando en los estados y municipios) contra los trabajadores y son todos cómplices de la traición del PT al impedir que las movilizaciones callejeras retiraran a Bolsonaro del gobierno, o al menos lo emparedasen. Son cómplices de la desmovilización de la clase obrera hoy y también de la desmoralización de la misma que seguramente vendrá cuando quede claro el carácter del gobierno Lula, de la misma forma que ocurrió en Argentina, Perú y Chile y luego se repetirá también en Colombia. El crimen que cometen estas organizaciones no es episódico, es histórico. No se trata de una táctica equivocada, se trata de una acción estratégica para rebajar el nivel de conciencia de las masas, favoreciendo la perpetuación de la explotación capitalista y de la barbarie a ella cada vez más asociada.

Al contrario de lo que propagan los vendedores de ilusiones, no hay ninguna posibilidad de que un nuevo gobierno Lula (PT) sea por lo menos igual a los gobiernos de 2003 a 2014, porque ahora el proyecto económico de la burguesía y la crisis del capital no abren espacio ni siquiera para las políticas de contención social para los trabajadores, que caracterizaron los primeros años de esos gobiernos.

Un sector de la "izquierda reformista" aún justifica el voto en Lula (PT) en la 1ª vuelta de las elecciones como un voto en la defensa de las conquistas democráticas en el país. Ese sector claramente ignora que Lula, como un buen vasallo del Capital, no se avergonzará en negociar con los militares y mantendrá parte significativa de ellos en la dirección del Estado.

Es preciso recordar que criaturas tenebrosas como el General Heleno, el General Mourão y el Capitán Tarcísio Freitas, ahora becarios, ganaron vida política durante el Gobierno de Lula, en la vergonzosa invasión a Haití, como fuerza de choque estadounidense contra los trabajadores del país que llevó a cabo la primera Revolución Negra de la historia. La MINUSTAH, encabezada por Brasil, dejó en Haití un rastro de masacres, abusos sexuales y cólera. El General Heleno regresó de Haití con al menos 60 civiles muertos a sus espaldas por la masacre de la favela de Cité Soleil, sin nunca haber sido responsabilizado. 



Es precisamente por eso que Lula, que ya traicionó a la clase obrera en diversos momentos, no es la respuesta a las amenazas de golpe de Bolsonaro. Por el contrario, Lula aceptará todos los chantajes de ese sector militar y no quedará constreñido en gobernar con esas fuerzas para implementar un gobierno que pisotee a aquellos que vayan a las calles contra las reformas capitalistas.

Así, todo el enfrentamiento a las amenazas golpistas y a los privilegios de los militares debe realizarse en las calles, con una amplia unidad, siendo criminal el discurso que orienta a confiar ciegamente en el voto para detener al sector más nefasto del capital.

Las elecciones, especialmente en el período de crisis, funcionan como una cortina de humo que oculta lo más importante: los medios políticos que la burguesía adoptará para contener las demandas populares. Por eso, la burguesía financia a varios candidatos para asegurar que el gobierno que asumirá apoyará sus intereses.

Nosotros, militantes de Marx Brasil creemos que, en primer lugar los luchadores dispersos deberían estar unificados en puntos comunes expresados por medio de una candidatura revolucionaria, es decir, unificados por medio de una candidatura que no fuera para vender ilusiones sobre la "las posibilidades de gobernar en el capitalismo", sino más bien una candidatura que llame a derrotar al bolsonarismo en las calles ahora y más allá de las elecciones, que convoque una alianza entre los trabajadores de la ciudad y del campo, entre los explotados y oprimidos (negros, indígenas, LGBTs, mujeres, inmigrantes, etc.) para luchar contra el hambre, el desempleo, racismo, machismo, lgbtfobia, contra las milicias en los barrios pobres, contra las milicias del agronegocio y de la minería, contra las grandes mineras extranjeras que devastan la Amazonia.

En el escenario de las elecciones de octubre próximo, entendemos que hay tres candidaturas que no representan al sector burgués (UP, PCB y PSTU/Polo Socialista). Aunque existen divergencias entre esas organizaciones, nuestra opinión es que las mismas podrían y deberían haber presentado una candidatura única, para defender un programa de independencia de clase para los trabajadores. Pero esas organizaciones, que ya son tan pequeñas, optaron por la dispersión de fuerzas y por la autoconstrucción solo, en vez de unificar la izquierda no-lulista y construir una unidad de acción para enfrentar los ataques que seguramente vendrán por parte de un futuro gobierno Lula.

Siendo así, de entre esas alternativas, optamos por llamar voto en la candidatura de Vera Lúcia del PSTU pues, de entre esas, es la candidatura que, aunque de forma marginal, dialoga con más sectores organizados de la clase obrera. Sin embargo, nuestro voto no es acrítico, al contrario. En nuestra opinión, el denominado Polo Socialista y Revolucionario no es más que un frente de izquierda de pequeñas organizaciones, compuesto tan solo por el PSTU y su franja, y exclusivamente orientada hacia las elecciones, cuando podría ser la expresión electoral de una unidad concreta en las luchas antes y después de las elecciones. Desgraciadamente, esta tarea histórica el PSTU, grupo en torno al cual orbita el Polo, se ha sustraído a la realización, acomodándose al régimen democrático burgués y capitulando a la lógica de los calendarios de las elecciones burguesas y de los falsos "días de luchas" de las grandes centrales capitaneadas por el PT y sus variantes.

Además, no tenemos acuerdo con todas las candidaturas del llamado Polo Socialista y Revolucionario por entender algunas de ellas como candidaturas no solo no revolucionarias, sino contrarrevolucionarias. Un ejemplo vergonzoso es el del Espíritu Santo, donde el Polo Socialista presentó a un Capitán de la Policía Militar como candidato al cargo de Gobernador, una verdadera aberración, expresando un retroceso en la comprensión de la naturaleza del papel de las fuerzas de represión en el capitalismo, en especial en un país marcado por la actuación salvaje, racista, machista y LGBTfobica de las policías, en especial de la Policía Militar, en los barrios de trabajadores.

En esas elecciones, a pesar de llamar el voto crítico en Vera Lúcia, el programa que nosotros de Marx Brasil presentamos y defendemos será nuestro programa: un programa socialista y revolucionario para dialogar con los trabajadores formales y precarizados, haciendo un llamado a una unidad real en las calles, en las luchas, en las fábricas, en las aldeas y quilombos, en las ocupaciones del campo y de la ciudad, en el asfalto y en la favela, para derrotar el proyecto burgués de miseria, hambre y muerte en Brasil y en el mundo.