En el jardín de la CNTE no se   cultivan odios   

Y míranos ahí levantando el puño, conmemorando el aniversario número 41 de nuestra Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación con una fiesta y nos decían los maestros de América y del mundo que nos veían en esa transmisión por internet, que que lugar era ese que estaban viendo.

Nosotros les dijimos que era el zócalo de la Ciudad de Oaxaca, la ciudad de la resistencia y los compañeros maestros de América se alegraban y nos mandaban saludos, porque también ellos al igual que nosotros la reforma educativa les estaba pegando duro y fuerte.

César Martínez / El Cortamortaja

¿Y a poco también ahí, en Guatemala, en Panamá, en Perú, en Argentina, en Costa Rica, en Chile y en el mismo EEUU hay reforma educativa?, me preguntaban aquí.

Si, les dije, nada más que con otro nombre.

Recuerden les dije, que los ricos no solo han globalizado las conductas, sino también su unidad.

Nos quieren ignorantes y sumisos.

Y les decía a los maestros del mundo, que esa bandera que estaban viendo desfilar, que ese lienzo sagrado sostenidos por esos tres niños, con las cuatro letras (CNTE) impresas marcaban nuestros horizontes y que los iconos de nuestros mártires puestos ahí, marcaban la orientación de la multiplicidad de vientos por donde corre y navega nuestra rebeldía con la exigencia de justicia y educación pública, laica y gratuita.

Y nos hubieras visto ahora ahí en la fiesta de aniversario de la CNTE, ahí en el Zócalo de Oaxaca, hermanados junto a los campesinos de la Huexca, Morelos, junto a los estudiantes de la FECSM, junto a los muchachos de Ayotzinapa, junto a los maestros del país, junto a los maestros de Michoacán.

Y los oíamos decir a los maestros de Michoacán de sus triunfos y dolores.

Y los oíamos decir a ellos: "Allá en Michoacán nosotros paramos con la fuerza del movimiento un chingo de trenes y que solo así el gobierno nos hizo caso" y luego decían también que en Oaxaca estaba el corazón de la CNTE y que también ellos eran CNTE.

Y nosotros sentíamos bonito, porque sentíamos que nos recorría por todo el espinazo un escalofrío, ese frío y cosquilleo que dan las palabras bonitas.

¿Y sabes qué?

Yo nunca había visto a los maestros Michoacanos de cerquita.

Y míralos que son igual que nosotros, que ellos también ríen y cantan con el alfabeto a pesar de que los han reprimido y matado.

Decía Albert Einstein: "¡Triste época la nuestra!... Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio."


Y oímos del dolor de la Huexca, Morelos y decían cómo el gobierno en turno violando su palabra y amparos les había quitado el agua y sus tierras.


Y también oímos a las estudiantes del Comité Central de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, que agrupa a todas las normales rurales del país y nos decían cómo el gobierno había recortado el presupuesto al normalismo en un 80% y que eso significa para ellos la muerte lenta para las escuelas formadoras de maestros.


Y nosotros les decíamos a ellos que en el jardín de la CNTE no se cultivaban odios


Y mira que nosotros quisiéramos que todos los maestros del país nos viéramos como hermanos y que no solo nos uniéramos, sino que nos arropáramos, que el dolor del otro fuera también el nuestro, porque es bonito no sentirse solos.


Pero cuando digo solo, no hablo de esa soledad que se cura con el mezcal.

¡Ah!, que, porque tal mujer me dejó, pues un mezcal.

¡Ah! que, porque tal hombre me dejó y me pagó mal, pues un mezcal.

¡No! Yo te hablo de otra cosa, te hablo de la solidaridad y a no dejarnos a que nos mancillen, ni en la soledad, ni en la unidad.

Que juntemos nuestras voces.

Para exigir gritando: ¡Abajo la reforma educativa!.

Chocan las copas de champán allá en palacio nacional diciendo entre ellos que ahora si la CNTE ya se lo cargó el diablo, que la Sección 22 ya se murió.

- ¡Mocos!, le dijimos:


¡La CNTE morirá el día que muera el sol!